martes, 23 de abril de 2013

'Efectos secundarios', lo último de Steven Soderbergh


TITULARES:
'Efectos secundarios', lo último de Steven Soderbergh

La última película del director de la saga del Che es una ácida crítica de la industría de la psicofarmología convertida en un thiller hábil pero algo tramposo y en una sensacionalista "conspiración de lesbianas".

 
20/04/2013 - Eduardo Nabal | Steven Soderbergh es un hábil director con alma de productor capaz de lo mejor y lo peor ,pero que al menos, siempre intenta, sorprendernos. Autor de películas tan personales como Sexo, mentiras y cintas de video, Bubble o El buen alemán, también nos ha obsequiado con productos para la taquilla arropados por lujosos repartos y cuidada producción pero de escaso calado como Traffic oContagio. Este singular francotirador -que se mueve de continúo entre el cine independiente y el cine de masas- siempre parece no atreverse a llevar hasta sus últimas consecuencias sus incómodas fábulas sobre la vida y la sociedad estadounidense. En este terreno se sitúa Efectos secundarios, que a pesar de sus defectos y de su imposible parte final, nos devuelve a un director audaz y con talento y nos regala además dos grandes interpretaciones de Jude Law como un doctor y empresario en aprietos y Rooney Mara como una joven depresiva cuyo marido acaba de salir de la cárcel.
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=q-15t3Hdbdg  <-- TRAILER
La construcción de los espacios fílmicos es más que notable y el guión astuto en sus puntos de giro –con un importante puyazo a las empresas de psicofármacos– pero se ve lastrado en su parte final por un drama de calado social y suspense, convertido en una inverosímil "conspiración de lesbianas", algo que no sabemos si se debe al miedo a llegar al fondo del asunto o a la tendencia al sensacionalismo del autor de la efectista Magick Mike, sobre el mundo del strep-stepase masculino, protagonizado por el tan macizo como inexpresivo Channing Tatum. Efectos secundarios es un filme sólido, intrigante, ácido y que trata con respeto al espectador logrando lo mejor del inconmensurable Jude Law como un hombre cínico atrapado en su propia trampa y de la emergente Rooney Mara como Emily, una joven adicta a un nuevo medicamento de consecuencias imprevisibles. La crítica a la alta clase médica y empresarial que juega con los enfermos como cobayas está servida pero Sodenbergh, a pesar de la buena escritura de Scott Z. Burns, acaba estropeando su brillante propuesta (fotografiada con sumo cuidado por él mismo) en una intriga imposible con uno de esos finales que "quieren explicarlo todo" pero que en realidad sólo consiguen echar a perder la confianza depositada por el espectador en la historia y los personajes.
Los peores de la función, como era de esperar, Chanining Tatum y Catherine Zeta-Jones, en una historia de manipuladores manipulados, de mentirosos engañados  ágilmente contada que tras una brillante primera parte y una hábil concepción de las relaciones entre los personajes y los escenarios en que se mueven acaba volviéndose un "thriller" de segunda. Tal vez Soderbergh ha querido convencer y sorprender  a todos pero se ha quedado corto y, a la vez, se ha pasado de largo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario